Debió ser ’trayectorias’, punto.

Pero ese domain costaba mil dólares más de lo que mi presupuesto permitía.

Da igual.

Desplazamiento.

Continuidad.

Movimiento.

 

 

‘Caminando diferenciamos las cosas del caos’

Era un ejercicio por la ciudad. Caminarla errando; deambulando para ver lo que podamos ver. Pero yo olvidé todo lo visto, en el instante en que caí en cuenta de que mi andar trazaba un cuadrado casi perfecto. Me había negado a deambular de verdad, por miedo a perderme.

Y casi me hundo al entender que todos mis recorridos —mi trayectoria de vida— dibujaban cuadrados o rectángulos perfectos. Eso significaba que mi rumbo personal era más errático que errar, porque no me llevaba a ningún lado, sino a —¡literalmente!— dar una vuelta cerquita, y regresar. Regresar.

Salir para volver a lo mismo.

Me sentí una vulgar perdedora.

Y tardé buen tiempo en comprender lo que muchos sabían, pero yo —hasta entonces— no, y es que nunca vuelve el mismo que un día se fue, porque ese andar —aunque sea para darse una vuelta cerquita— nos expande. Y esa expansión nos cambia.

 

 

Recorrer trayectos

Trayectoria es recorrido. Y, en la realidad real, nunca es directa sino intrincada. Independientemente de la intensión. Y eso vale la vida.

¡Qué rico es saber que cada quien escribe, dibuja y describe su recorrido personal, trazando su camino de trecho en trecho!

Ahora me entusiasma lo vivido, y, sobre todo, lo por vivir.

¿Y a ti?

 

 

El bosquejo posible de tus pasos.

¿Figuras geométricas? ¿Zigzags? ¿Garabateos?

Ir, venir y salir de nuevo.

 

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